- "La experiencia de ir a Guatemala a conocer la niña apadrinada que, hasta ahora, tan sólo conocía por fotografías, escritos y dibujos ha sido inolvidable. Saber que, efectivamente, las diferentes aportaciones que se hacen, por pequeñas que sean, dan resultado e ir a comprobarlo y constatar que ayudan a mejorar el día a día de los niños y sus familias y poderles conocer de primera mano ha sido realmente extraordinario".
- "Animo a todos los padrinos y madrinas a que, a poco que tengan la oportunidad, se acerquen todavía más a esas comunidades más pobres y visiten a los niños y niñas que apadrinan. Sin duda será una experiencia más que gratificante y difícil de olvidar".
El viaje:
“Hoy hay más agitación de lo normal por la visita de una persona foránea, este hecho nunca se dio antes y supone un gran acontecimiento.
Después de recorrer la escuela y saludar a los niños, niñas y profesores, me conducen al edificio nuevo que World Vision está construyendo unos metros más allá.
También es una construcción de mahones con techo de uralita aunque parece bastante consistente. Según me explica la directora del centro tienen la idea de crear allí la biblioteca porque ahora carecen de ella. Me parece una gran idea. Realmente sólo las grandes ideas pueden hacer la vida algo más llevadera, que no fácil, en la Comunidad de San Pedro.
Tras la visita me dispongo a asistir como invitado de honor a los festejos preparados por los niños con motivo de mi llegada, que consisten en unos discursos y unos bailes. Me siento realmente mal por las molestias que se han tomado pero entiendo que la visita de alguien de fuera, del mundo que estamos occidentalmente destrozando, supone una gran motivación para toda la comunidad.
“Lucrecia en silencio”
El nombre de su profesora del colegio, fue lo único que conseguí arrancarle a Lucrecia. Apenas un segundo en que acertó a vencer su timidez y su miedo en una mañana que ni ella ni yo olvidaremos nunca.
Conocí a sus padres, Carlos y Elvira, me habían preparado un desayuno a base de pasta hervida y tortitas de maíz como agradecimiento en la ayuda a su hija. Realmente para esa familia supone mucho más esfuerzo compartir esa comida con la que cuentan, que para mí donar parte de mis euros en dirección a la comunidad de San Pedro.
Lo último que quería era que ellos me dieran las gracias, no iba allí para eso, tan sólo quería conocerles, ver cómo estaban y saber acerca de los beneficios que les supone la intervención de World Vision.
Hablé con algunos de los hermanos y hermanas de Lucrecia. Los mayores habían ido a trabajar al campo, no se podían permitir el lujo de no hacerlo. En total son once, yo conocí a nueve. Todos me dijeron sus nombres excepto los dos más pequeños, que no saben hablar, y Lucrecia, que se sentía especial. Por esa razón no pudo ser ella misma en toda la mañana, tenía un protagonismo que no quería y estaba, estoy convencido, deseando que todo aquello acabara.
Lee todo el texto del artículo aquí (documento PDF)