De los ladrillos a los libros y lápices
Sokchan tenía solo 6 años cuando sus padres se separaron, y su padre se marchó de casa. Para ayudar a la familia, Sokchan comenzó a trabajar en una fábrica de ladrillos. El trabajo puede enmarcarse dentro de las actividades “3D” (por sus siglas inglesas sucios, peligrosos y degradantes). En la fábrica Sokchan tenía primero que modelar los ladrillos y después cargarlos en grandes bloques para meterlos en enormes calderas. Toda la familia trabajaba en esa fábrica y la remuneración que recibíanpor cinco personas al mes era inferior a 25 dólares”. Por su dureza, es uno de los peores trabajos para los niños.
“Sé lo difícil que fue para mis hijos tener que trabajar desde tan pequeños, sentía su dolor, pero sin su padre en casa, no teníamos otra forma de salir adelante. A veces no podía reprimir las lágrimas cuando mis hijos pasaban hambre”, dice Kim Oun, la madre de Sokchan.
Sokchan y su hermano mayor de 14 años se encargaban de buscar comida para el resto de la familia y su apoyo era fundamental para que todos pudiesen salir adelante. Ambos estaban mal nutridos y muy por debajo de su peso en comparación con un niño de su edad.
Para Sokchan su día a día pasaba por ir a trabajar a la fábrica y después ir a buscar comida para alimentar a sus hermanos pequeños. “A veces mi hermano y yo teníamos que caminar tres kilómetros para encontrar algo de pescado en los canales de los extremos de la calzada. Si teníamos suerte volvíamos a casa con varios pescados. Los días en los que no la teníamos sustituíamos el pescado por arroz con sal”, comenta Sokchan. “Sólo cuando recibíamos nuestro salario podíamos comprar carne de cerdo”, añade con un tono de tristeza, Sokchan.
Toda la familia conoce bien los peligros a los que se enfrentaba cada día de trabajo en la fábrica de ladrillos. Los niños corren muchos riesgos, las máquinas cortadoras en las que tienen que insertar los ladrillos, las calderas, la carga de pesos excesivos. Ninguno de los hermanos asistía a la escuela, Sokkong el mayor de los hermanos fue a clase durante tres años, Sokchan uno, los dos hermanos más pequeños ni siquiera tuvieron la oportunidad de conocer el colegio. Su primera obligación fue la fábrica de ladrillos.
“A menudo pensaba en cambiar de trabajo, pero me daba cuenta de que no podíamos. En la fábrica nos ofrecían una pequeña habitación para alojarnos, no era bueno, pero desde luego era mejor que nada” dice la mamá de Sokchan.
La situación de Sokchan se repite en muchas zonas del sudeste asiático en lo que niños de familias muy humildes se encuentran atrapados en trabajos en los que no solo les explotan sino que además sufren graves peligros. Afortunadamente, gracias al proyecto que gestiona World Vision para luchar contra la ocupación infantil en sectores laborales, él y sus hermanos asisten al colegio, disfrutan de sus lecciones y reciben ayuda para que puedan construirse un futuro mejor.