La zona de Alto Isoso, en Bolivia (al sudeste del país), se ha visto inundada por las aguas del río Parapetí cuyo caudal se ha desbordado provocando inundaciones en cinco comunidades. Las inundaciones han afectado a las casas y propiedades de las familias y a las escuelas que, por el momento, no pueden acoger con normalidad a los alumnos.
Gracias al
apadrinamiento de niños estamos llevando la ayuda necesaria para que las familias afectadas puedan recuperar la normalidad lo antes posible.
Al
apadrinar a un niño de Bolivia estás ayudando a familias como las que ahora se enfrentan a las consecuencias de las inundaciones
“Las actividades en el colegio tampoco son normales, no podemos exigirles eso porque las condiciones no son adecuadas, el huerto está lleno de agua, no se pueden limpiar los cuartos porque se vuelven a llenar de barro. Algunos estudiantes decidieron no volver porque están en sus casas ayudando a sus padres a recuperar sus pertenencias”, dice Aida Mojica, pedagoga de una de las escuelas en Bolivia. Gracias al programa de apadrinamiento de niños estamos trabajando para que los niños puedan recuperar la normalidad de sus clases lo antes posible.
Los niños deben luchar todos los días contra el agua y el barro, para poder asistir a sus clases, algunos de ellos deben caminar hasta cinco horas porque el camino a sus comunidades está afectado por el agua.
Los niños más pequeños parecen vivir ajenos a los problemas que las inundaciones han acarreado mientras se divierten jugando en las aguas del río. Sin embargo, muchos niños muestran ya algunos signos de las enfermedades que conlleva el agua no apta para el consumo, como son conjuntivitis o afecciones dérmicas por la exposición al agua y a las altas temperaturas. Con la ayuda de los padrinos de Bolivia estamos realizando tareas de ayuda que incluyen la atención médica a los niños.
Las familias empiezan a retirar los escombros de sus casas para volver a construirlas en un lugar más alejado de la orilla del río. La comunidad ha decidido trasladar sus viviendas a un lugar más alto mientras intentan rescatar, al menos, los adobes secos de sus casas para construir una nueva.
“Ahora tengo miedo porque el agua está en toda la comunidad, y para ir al pozo a sacar agua, tengo que acompañar a mis hijos para cruzar el agua porque corre fuerte, tengo mucho miedo” cuenta doña Amalia, preocupada además por las enfermedades que pueden afectar a sus hijos.”Están con tos, fiebre, vómitos, todo esto ataca a los muchachos, será por el agua porque la mayoría están así”
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