El padrino José Miguel Ros viajó el pasado verano a Guatemala para conocer a José Rodolfo, el niño que apadrina. Aquí nos cuenta apartes de su viaje.
“No sé si me he vuelto mejor o peor, pero de lo que sí estoy seguro es de que después de vivir esta experiencia, me he sentido un poco más feliz
y no dejo de pensar cómo puedo ayudar cada día un poco más”, con estas palabras José explica lo que ha aprendido en el viaje que emprendió a las montañas del norte de Guatemala para encontrarse con José Rodolfo, el niño de 9 años que apadrina.
José Miguel apadrinó motivado por el recuerdo de la personalidad -siempre feliz y dispuesta a ayudar- de una prima suya que fue cooperante, y fue hasta Guatemala por dos razones: porque viajar siempre ha sido una de sus pasiones y porque quería
corroborar personalmente los proyectos que realiza World Vision gracias a su apoyo y al de los demás padrinos.
Durante su estancia en Guatemala, además de encontrarse con su niño apadrinado, este padrino conoció los proyectos de potabilización de agua y de formación de parteras: “Supe que, a falta de matronas profesionales, estaban instruyendo a mujeres que ejercen de comadronas en conceptos de higiene y asistencia elemental, consiguiendo con ello reducir el índice de mortalidad infantil en el momento del parto”, explica José.
Pero, sin duda,
lo que recuerda con más cariño es que en el momento de la despedida: “Estreché entre mis brazos a aquel pequeñajo. Creo que fue ese uno de los instantes más emotivos que he vivido”. José nos confiesa que de su viaje también aprendió que: “sea como fuere, él sabe (su niño apadrinado), que a pesar de la lejanía en la distancia y de lo cruel que puede resultar la vida,
tiene un padrino que le quiere y que no se olvida de él”.
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