La mayor del grupo de las mujeres que diseñan telas y tintes es Janet Awusi, una mujer de 55 años con cinco hijos. El trabajo no es ninguna novedad para Janet, lo ha hecho sin descanso durante toda la vida, pero lo que sí es innovador es que ella gestione, junto con otras mujeres de la comunidad, un negocio.
En las
zonas rurales de Ghana, como sucede en poblaciones de similares características de otros países africanos,
es tradición que la mujer desempeñe el papel de cuidadora de la casa, que recoga agua y leña y prepare los alimentos. Por ello, cuando World Vision inició los ciclos de formación para mujeres, Janet no dudó en ser una de las 30 participantes en formarse para impulsar un negocio en el que se fabricasen tintes para telas, jabón o pomadas..
“Tanto mis compañeras como yo le debemos mucho al proyecto de World Vision, gracias a él, podemos aportar algo de dinero a nuestro hogar sin desatender el cuidado de nuestras casas y nuestros hijos”, concluye Mary Nortey, otra de las mujeres veteranas del grupo que ocupa parte de su día en la fabricación de tintes para telas, jabón, pomadas y diseño de telas.
Como Janet, cuando Mary era niña no pudo elegir qué quería ser de mayor, así que, siguiendo con la costumbre, se casó y tuvo hijos.
Todas las mujeres que trabajan en la fábrica son madres que ya tenían una ocupación previa: cuidar de la casa y de los hijos.
El programa tenía que adaptarse por tanto a sus características, capacitándolas para impulsar negocios cuyo mantenimiento no requiriese de una jornada completa.
“
Ahora, puedo pagar la escuela de mis niños”, dice Victoria quien, hasta el momento, no había podido escolarizar a ninguno de sus cuatro hijos porque no podía permitirse las tasas de matriculación. Los menores de los ocho hijos que Kordor Doris ha dado a luz en sus 45 años de vida,
no hubiesen podido recibir una educación de calidad de no haber sido por el dinero que obtiene cada mes gracias al negocio en el que ahora trabaja.
Una decisión propia
La fábrica de tintes no sólo es una ocupación y una forma de obtener cierta independencia económica, para muchas de ellas,
el hecho de impulsar este negocio suponía la primera decisión que habían tomado por sí mismas. Nunca nadie les dio la oportunidad de elegir si querían recibir formación o decidir a qué se querían dedicar. World Vision les brindó el apoyo y la formación suficiente como para que tomasen conciencia de que
ser mujer en África no era sinónimo de estar doblegada ante las decisiones de otros.
Trabajan tanto en grupo como de forma individual. “Esto les otorga confianza a cada de una de ellas, se apoyan la una en la otra y hace que su negocio aspire a conseguir mayores ganancias” opina Philomena Cobbina, de World Vision Ghana.
Además de la formación, las mujeres recibieron dinero para comprar los materiales necesarios para elaborar estos productos,
como una ayuda a la inversión inicial que ellas habían realizado para impulsar su negocio. “De momento les va muy bien, todo lo que producen se vende fácil, porque son productos de uso diario”, añade Cobbina.
Estas historias son posibles gracias al apadrinamiento de niños
Gracias a las donaciones y a los
apadrinamientos de niños trabajamos para dar formación, no sólo a los niños, sino también a las mujeres. Consideramos que
la educación es la base sobre la que debe asentarse cualquier cambio social, por ello,
si conseguimos que las mujeres en las comunidades rurales de Ghana obtengan formación con la que puedan conseguir cierta independencia económica
estaremos iniciando el camino para que puedan cambiar el rol que durante siglos se han visto obligadas a jugar.