El barrio en el que vivo me da miedo

“Nos fuimos el 12 octubre de este año con la caravana porque aquí las maras (pandillas) no nos dejan en paz. Aquí es peligroso para niños y adultos. Cuando se enfrentan a tiros hasta por una hora, si es de día y estamos en la escuela salimos cuando todo se calma. Si es de noche hay que meterse debajo de las camas”, cuenta Junior de 10 años con voz afónica y con el miedo en los ojos.

“En este barrio somos demasiado pobres. Aquí no hay parques para los niños, no hay cines, bibliotecas; en invierno las corrientes de agua son tan fuertes que son capaces de arrastrar a un niño o niña. Es demasiado peligroso porque no hay alcantarillas. Aquí los niños jugamos en la calle, cerca de la casa. Si no cualquier cosa nos puede pasar”, reflexiona. 
 
Según Junior, de su barrio salieron con la caravana unas 70 personas, incluyendo niñas y niños. Carmen la hermana mayor de Junior hace 1500 tortillas que venden en la calle. De los 1500 lempiras que tiene de beneficio tiene que comprar un saco de maíz a 400 lempiras, leña y pago de tres mujeres que le ayudan. Al día la ganancia es de 300 lempiras. En la casa de Junior viven 8 adultos y 6 niños. Teodoro (61), padre de Junior, dice que no pueden vivir con 300 lempiras.
 

Cambio de rumbo

 
"Necesitamos aprender oficios, especialmente los jóvenes, para trabajar. Si ellos tuvieran buena educación y capacitación, no acabarían en las bandas y maras. En la actualidad, si conseguimos empleo para tres días es un lujo, permanecemos desocupados hasta dos y tres semanas normalmente". A Junior se le rompieron los zapatos y sus pies se llenaron de heridas que no podían curar, esta infección le provocaba fiebre. “Cuando estábamos descansando me ponía a soñar, pensaba en como sería estar en los Estados Unidos, pero mi mamá Angélica decidió que regresáramos –y me enojé-. Ella enfermó del corazón”.