No debería doler ser un niño

Los niños rohingya, que viven en el campamento de refugiados más grande del mundo, Cox's Bazar (Bangladesh), han pedido que se ponga fin a la violencia y explotación continua a la que se enfrentan, incluso en sus propios hogares. Al carecer del estatus de refugiado oficial, son particularmente vulnerables al abuso, trata y matrimonio infantil en Bangladesh. Los niños instan a que se respeten sus derechos de seguridad y protección.

Unos 2.700 niños rohingya han participado en los programas de concienciación puestos en marcha por World Vision y han informado de frecuentes abusos a manos de padres, extraños y niños mayores. En las conversaciones en grupos, tanto os niños como los padres han descrito las palizas, gritos, golpes, insultos, violencia de igual a igual, acoso, trabajo forzoso y el matrimonio infantil como algo común en los campamentos. "Nuestros padres pueden salvarnos de todo tipo de peligro, pero a veces también nos lastiman", dijo un niño durante una reunión en grupo. "Me siento herido cuando mi madre me golpea", comentó otro.

Los niños son los más afectados

Los niños constituyen más de la mitad del casi 1 millón de refugiados rohingya. La mayoría todavía se está recuperando de la gran violencia que experimentaron o presenciaron durante su aterradora huída de Myanmar, hace 15 meses. Muchos, todavía están de duelo por la pérdida de sus seres queridos y, a pesar de estar a salvo en Bangladesh, su miedo y ansiedad continúan. "Tengo miedo de alejarme de mi casa en el campamento", dice Shoshida, de 10 años. “Un elefante o un tigre pueden atacarme. Ni siquiera debo ir al baño por la noche. Temo que alguien me pueda hacer daño".

Durante las entrevistas, los niños hablaron con valentía acerca de las formas de violencia con las que se encuentran, los lugares seguros e inseguros en los campamentos, así como a quién buscan cuando necesitan protección. Señalaron los bosques donde tienen que ir para recoger leña, puntos de distribución de alimentos y mercados llenos de gente como lugares peligrosos. Madrazas (escuelas religiosas) y Espacios Seguros para niños de World Vision son los primeros de su lista como espacios más seguros. Sus hogares son mencionados en tercer lugar ya que para algunos niños son también lugares para el abuso.

"En el espacio para niños, puedo jugar y aprender", dice Jobair, 10. "No hay nadie a quien temer, y por eso me gusta". Los jóvenes activistas instan a los padres y líderes a que los protejan físicamente y que protejan su derecho a la seguridad. Pero cambiar las actitudes sobre las prácticas tradicionales dañinas lleva tiempo, especialmente dado que muchos padres creen que la disciplina implica golpear a sus hijos.

"Los padres admiten que abusan emocional y físicamente de sus hijos debido a su angustia e incertidumbre sobre el futuro", dice James Kamira, Líder de Protección Infantil de World Vision. "Están abiertos a cambiar sus costumbres. Pero si estamos realmente decididos a poner fin a la violencia contra los niños, los niños mismos, sus familias y sus comunidades deben participar plenamente en las soluciones desde el principio".

Los niños y los padres que participaron en las entrevistas identificaron el matrimonio infantil como una preocupación urgente. Las niñas rohingya generalmente se casan entre los 12 y los 16 años. Según un informe reciente de BBC Media Action, el matrimonio infantil se considera un mecanismo de supervivencia y se ha normalizado en los campamentos rohingya, donde algunos padres casan a las niñas a una edad temprana para reducir la “carga” sin entender los efectos a largo plazo. World Vision involucró a más de 5.300 padres así como a líderes religiosos y comunitarios en la campaña, incluidos 75 imanes que aceptaron hablar en sus mezquitas sobre los riesgos del matrimonio infantil.

La educación, pieza fundamental

Tanto los padres como los niños también estuvieron de acuerdo en la necesidad de acceder a la educación para ayudar a reducir el abuso emocional y otras formas de violencia. Actualmente, los niños refugiados no tienen acceso a la educación formal en los campamentos, y algunos padres rohingya no ven el valor de mantener a los niños en la escuela después de la escuela elemental.

"En mi comunidad, cuando una niña cumple 10 años, ya no la enviamos a la escuela", dice Nur Hasima, una mujer líder. “Lo mismo les pasa a los chicos. Por eso no sabemos muchas cosas y por qué los niños sufren abusos".

Los niños entrevistados han enviado sus propios mensajes dirigidos a los padres y líderes de los campamentos. Sus coloridos carteles no se andan con rodeos: "No debería doler ser un niño”, “Las manos no son para golpear a los niños”, “Queremos educación, no matrimonio".

A través de la campaña, los niños rohingya ahora son conscientes de sus derecho a estar seguros y pueden protegerse mejor y también a los demás. "Como todos los niños, los niños rohingya tienen derecho a la protección contra todas las formas de violencia, abandono y maltrato", dice Rachel Wolff, Directora de Respuesta a la Crisis de Refugiados de World Vision en Bangladesh. "Hacemos un llamamiento a los padres y líderes comunitarios en los campamentos, así como a los gobiernos, donantes y ciudadanos interesados en todo el mundo para ayudar a garantizar que los derechos de estos niños refugiados se realicen y se protejan".