Programas de alimentación escolar en Haití
El programa de alimentación escolar de World Vision se realiza en 454 escuelas del país y benefician a más de 70.000 niños. Este proyecto abarca educación y salud. Conozcamos el programa a través de Nadine Seraphin, coordinadora de este programa en el campamento Corail

El gran plato de arroz y frijoles parece que satisface el apetito de trabajadores de la construcción, pero a Magdala Dauphin, una chica delgada de 13 años, le requiere poco tiempo comerse más de la mitad.
Para muchos niños, la comida del mediodía en el campamento Corail, instalado para miles de personas sin hogar tras el terremoto, es la única que hacen al día.
Para mitigar las necesidades alimenticias de los niños en Haití, World Vision lanzó un programa de alimentación para niños. También impulsó un programa que proporciona a las madres papillas nutritivas para alimentar a los niños menos de cinco años.
La coordinadora de campo Nadine Seraphin explica que cuando el programa comenzó hace dos meses, observó a muchos niños desnutridos. “Había niños enfermos, demasiado flacos. Enviamos a algunos de ellos a las distintas unidades clínicas para que recibieran la atención adecuada” comenta Seraphin. Ahora cree que los niños están mejorando. La mayoría están felices. “Cada día, algunos padres vienen a mi y me dicen: este programa es muy importante para nosotros porque no tenemos nada aquí, no tenemos dinero ni tampoco trabajo. Ellos están muy agradecidos” habla Nadine.
Todos los días son igual, poner en marcha un programa en Haití es un desafío. Las operaciones tuvieron que ser suspendidas por cinco días cuando se temía que el Huracán Tomas derribase las tiendas donde se desarrollan las campañas de alimentación. La amenaza del cólera es también una preocupación constante. Los niños están obligados a lavarse las manos antes de que entren a la tiendas para comer, y los utensilios de cocina deben ser desinfectados.
Todos los empleados de la cocina son residentes del campamento. El cocinero, Jean Pierre Francoise, estudió durante dos años en una escuela de cocina y espera abrir, algún día, su propio restaurante. De momento, ese plan tendrá que esperar, ya que el terremoto destruyó su casa. Pero él no se rinde, porque su sueño ahora, es enseñar a otras personas del campamento a cocinar.