Os contamos una de las historias que hacen parte del informe “10 cosas que debes saber sobre el tráfico de personas y niños destinados a la explotación laboral en el sudeste asiático” con el que World Vision quiere denunciar una de las formas de tráfico y trata de personas menos conocida y que afecta especialmente a los niños del sudeste asiático.
Cuando se marchó de casa, hace cinco años, tenía 16. Kyaw Win
* juró que nunca volvería y en ello basó su decisión, en el juramento que le había hecho a su familia de no volver.
Nació en la ciudad de Myeik, conocida por su puerto pesquero en el sur de Myanmar (antigua Birmania). Kyaw y sus amigos se enrolaron en un bote pesquero tan pronto como terminaron la educación primaria, hacía tiempo que llevaba escuchando que podía ganar 4.500 baht por mes (alrededor de 100 euros) cerca de la frontera, en Ranong, Tailandia.
“Llamé a mi casa y me enteré que mi familia se había mudado a otra ciudad”, Kyaw dice que fue la última noticia que tuvo de ellos.
Después de ocho meses de haberse enrolado como pescador por primera vez, se marchó de nuevo con la esperanza de recibir un salario de 6.500 baht al mes, tal y como le habían prometido, por trabajar en Samut Sakhon, una ciudad portuaria en el Golfo de Tailandia. Pero el dinero prometido nunca llegó, de hecho, no percibió ningún salario“ Me dí cuenta de que había sido engañado. Así que, sin ningún tipo de esperanza, empecé a vagar por las calles”, dice Kyaw.
Como un inmigrante indocumentado, el miedo que sentía era tan profundo que no denunció su situación a la policía. A veces pensaba que estaría mejor arrestado que trabajando como un esclavo.
Su deseo se cumplió y en pocos días la policía tailandesa le arrestó y con ello, Kyaw consiguió un poco de paz tras haber escapado de la banda armada de traficantes que semanas después le habían vendido, humillado y explotado.
El inicio de la pesadilla
Cuando llegó a Tailandia el dueño del pesquero con el que salió de Myanmar le vendió a una banda de traficantes de personas que pagó por él 20.000 bahts, el equivalente a 450 euros.
Le llevaron a la jungla junto con otros diez compañeros inmigrantes. Recuerda que caminó alrededor de diez días hasta llegar a una pequeña ciudad tailandesa donde fueron entregados a su comprador.
El barco en el que Kyaw fue obligado a trabajar, opera en Indonesia de forma fraudulenta. Las condiciones en las que Kyaw y sus amigos vivían en el barco eran peores, o eso considera él, que las que se vivían en los barcos de esclavos del siglo XVIII.
Solíamos dormir tan sólo una hora diaria. Había trabajadores tailandeses en el barco pero ellos recibían un mejor trato. A nosotros nos controlaban con pistolas. “Nos trataban como animales”, denuncia Kyaw.
Después de 6 meses en el barco pesquero tailandés, desesperados, Kyaw y cinco amigos más, en mitad de la noche, decidieron lanzarse al mar para escapar de sus captores. Intentaron mantenerse juntos pero la fuerza de las olas se lo impidió. Horas más tarde, al amanecer, Kyaw fue rescatado por un pesquero indonés.
“Cuando me subieron al barco apenas podía mantenerme en pie. Estuve apunto de desmayarme”. Los amigos de Kyaw también fueron rescatados por otro pesquero indonés y una vez juntos fueron enviados al cercano puerto de Bali donde esperaron en inmigración un año.
A lo largo de ese tiempo Kyaw intentó sin éxito localizar a su familia. Un equipo de World Vision loes encontró en Kawthaung, en el sur de Myanmar y llevó a Kyaw de vuelta a casa. La organización le ayudó en el periodo de adaptación con su familia, dándole así una segunda oportunidad en la vida.
“Estoy muy feliz de haber vuelto a Myanmar. Agradezco a World Vision toda la ayuda que me han prestado”, dice Kyaw con una sonrisa. Cuando preguntan si algún día volverá a Tailandia, Kyaw simplemente no responde.
* El nombre del protagonista de esta historia ha sido cambiado para proteger su identidad.
10 cosas que debes saber sobre el tráfico de personas y niños destinados a la explotación laboral en el sudeste asiático”